16 noviembre, 2010

INÉS DEL ALMA MÍA ( PARTE I )

LES COMPARTO FRASES DEL LIBRO DE ISABEL ALLENDE: INÉS DEL ALMA MÍA.
¿COMO PORQUE ME TOMÉ LA MOLESTIA Y EL TIEMPO DE ESCRIBIRLO Y SUBIRLO?
PUES SENCILLO: ESTA SEMANA PRESTARÉ EL LIBRO... Y COMO ES BIEN DICHO "TONTO EL QUE PRESTA UN LIBRO.. PERO MÁS TONTO EL QUE LO REGRESA", QUIERO ASEGURARME DE RECORDAR LO QUE MÁS ME GUSTO DEL MENTADO LIBRO.

ESTO ES SOLAMENTE LA MITAD... PARA QUE PIDAN MÁS.


Al final, solo se tiene lo que se ha dado.

Juan era uno de esos hombres guapos y alegres al que ninguna mujer se les resiste al principio pero después desea que se lo hubiera llevado otra, porque causan mucho sufrimiento.

Bastaba su presencia de chulo fino para excitar a las mujeres.

Tenía el pensamiento ofuscado y el cuerpo en ascuas, como me ocurre siempre con el amor.

En medida en que lo le exigía más y le perdonaba menos, el se fue alejando.

¿No era preferible enfrentar los peligros del mar y de tierras bárbaras antes que envejecer y morir sin haber vivido?

La muerte, menos temida, da más vida.

La muerte es una constante compañera, más vale tener el alma preparada.

El Diablo pone en nosotros muchos y muy variados apetitos pero Dios nos da claridad morar para controlarlos. Eso nos diferencia de los animales.

El destino del hombre es elevarse por encima de la bestialidad, conducir su vida según los más nobles ideales y salvar su alma

El instinto de matar, una vez suelto, era más fuerte que el de vivir.

La línea que divide la realidad de la imaginación es muy tenue, y a mi edad ya no interesa porque todo es subjetivo.

La memoria también está teñida por la vanidad.

Me alcanza la vanidad no sólo para ponerme carmín en las mejillas cuando vienen a visitarme, sino para escribir mi historia.

Su curiosidad superó a la prudencia.

La selva solo pone en evidencia lo que los hombres ya son.

Es un paraíso solo de apariencia....todo se corrompe rápidamente, sobre todo el alma. La selva transforma a los hombres en rufianes y asesinos.

A nosotras se nos culpa de los vicios y de los pecados de los hombres.

No vale la pena sufrir de antemano por las desgracias que posiblemente no ocurirán.

Con autorización del rey, la aventura se llamaba conquista, sin ella era asalto a mano armanda.

Los milagros suelen ser inoportunos.

Ese día comenzó mi vida; los años anteriores fueron de entrenamiento para lo que habría de venir.

Al verte, sentí miedo por primera vez en mi vida.

Supongo que en el transcurso de la vida embellecenos algunos recuerdos y procuramos olvidar otros.

Nada sabía del amor, pero estaba listo para recibirlo cuando éste llegó.

El esfuerzo de este relato no está en recordar, sino en el lento ejercicio de ponerlo en papel.

(Hasta la pag 122)

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