Yo nunca había sido consciente del sonido de los pájaros en Sabinas hasta hace unos diez años cuando andaba de ligue con un wey que vivía en Monterrey y al mero inicio de nuestro intercambio de audios, lo primero que le saltó fue mi sonido de background tan peculiar con toda esa melodía pajaroide.
Para no verme muy tonta e ingenua, pretendí en ese momento como que esos sonidos yo los tenía muy registrados, totalmente dominados los ruidos de aves y todavía de ahí me agarré para romantizarlos. La neta fue hasta ese segundo que un nuevo chip de la existencia y alboroto diario de los pajarracos se programó en mi cabeza y comencé a ponerle atención. Mientras yo creaba un vínculo con ese ser humano, donde nuestra comunicación se basaba prácticamente en notas de voz, a la par de nosotros teníamos una parvada de aves con el mismo comportamiento de sonidos para comunicarse, para llamar la atención, con rituales de sonidos previos al apareamiento.
La verdad es que yo jamás había siquiera tenido en cuenta que nuestra melodía local esta tapizada de trinos, chirridos, silbidos, graznidos. Toda una vida dando por sentado que eso que escuchaba diario era la normalidad, cuando para alguien que esta ajeno a esta ciudad le causó tremendo impacto la sinfonía de los cantos de las aves, a veces sonidos breves y otras tantas chirriantes. Para él, Sabinas se escucha a pajaritos, qué lindo jaja ¿y su ciudad? sin menospreciar las grandes urbes, allá suena a contaminación auditiva. Y chance en ese segundo no lo romanticé como hoy, porque mientras creces tu sistema de valores cambia, pero hoy y sobre todo después de la experiencia de observación de aves que tuve el privilegio de vivir ayer por la mañana, le tengo un aprecio mucho mayor a mis ruidos locales.
Otro de los sonidos que tuvo que destacarme mi lazo exterior fue el del tren. Cada tanto mientras estábamos hablando, se sorprendía del imponente rugido de la locomotora que aplastaba y devoraba todos los ruidos de mi terruño. Y yo, tan naive como siempre he sido, tampoco había hasta ese momento dimensionado de esos estruendos que tenía tan normalizados y tan ignorados porque sinceramente, si desde que naces y creces en Sabinas comienzas a escuchar todos estos ruidos, en lugar de causarte admiración o atención, simplemente el oído humano los estandariza y los toma por sentados, pero te apuesto a que cualquier persona que llegue de fuera sin contexto de Sabinas, lo primero que le va a tomar por sorpresa es que aquí los ruidos de la naturaleza siguen (y espero que se conserven por muchos años más) siendo la fuerza auditiva que rige nuestro territorio.
¿Y a que más suena mi pueblo? A perros, a grillos, a chicharras. Me muero de risa de acordarme cuando un día en una nota de voz me dice el susodicho que casi no podía escuchar lo que decía porque en el fondo de mi audio resonaba un escándalo de chicharras que aturdían la calidad de mi mensaje. Y me río porque le dije que no sabía que se traían y con esa ligera risa y suavidad para explicarme las cosas, me contesta "Ay Mariana, pero si son las chicharras en proceso de apareamiento, hacen esos ruidos para avisarles a las hembras que ya están listas para empezar a reproducirse" jajajajajaj ¿y qué chingados estábamos precisamente haciendo nosotros con esos voice notes? pensé y malamente no le dije, lol.
Hoy y hace apenas unas semanas, tendríamos que agregar que a los sonidos del pueblo le llegó uno potente y que domina en esos segundos de intensidad, todos la la acústica sabinense: el reloj del palacio municipal. Esas campanadas que resuenan con potencia incomparable para llegar a casi todos los rincones de la ciudad para marcar el paso de las horas, de los minutos. Y vuelvo a lo mismo, ahorita es nuestra novedad y llega a sentirse intimidatorio, pero es porque nuestro oído no lo tiene aún registrado. Al paso de los días, de los años, vamos a normalizarlo y nuestro cerebro decidirá no "escucharlo" más, como pasa con los pájaros, como pasa con el tren y no será hasta que un ser venido del espacio exterior (bueno fuera jajaj dejémoslo en una persona de otra ciudad) pise el pueblo o como en mi caso, se entere de los ruidos de Sabinas por medio de audios, que dará fe y notará que esas icónicas ondas sonoras son emblema local, como las aves, como el tren.